martes, 4 de junio de 2013

Con tal de no perder el tiempo


He manifestado previamente, que no soy de esas personas con tiempo en la agenda para sentarme a disfrutar de algún programa de televisión, pese a ello, en mi reporte incluyo mi interpretación de un fragmento de una conocida telenovela, de la cual omitiré el nombre, aunque por seguro se ha de interpretar su titulo.
La historia en cuestión manifiesta explícitamente la falta de argumento y creatividad del equipo de producción. La inconsistencia de la historia en la que todo es obvio pero que innecesariamente se alarga el cuento una treintena de episodios más.
Un par de actores, de apariencia seleccionada en base al estereotipo moderno de hombre y mujer ideal, colocados en una posición antagónica uno del otro, alejados por previas decisiones correctas en momentos correctos, pero mostradas mediante la iluminación, el argumento barato, la música y un escenario poco probable, para invocar, con el poder de la persuasión, y mediante la aprobación popular, el apoyo a una relación que en situaciones regulares, bien se censuraría con todo el peso del tradicionalismo y el conservadurismo.
Queda manifiesta, la sed insaciable e irresponsable de generar contenidos adictivos propios del consumismo, los cuales aluden a los lugares más recónditos del Ello, y que diariamente gobernamos por razones obvias y coherentes con la civilización y evolución verdadera.
Los personajes de la trama, no son sino títeres de la tinta y el papel, que no tienen personalidad propia sino impuesta, y por lo tanto sus actos, algunos puede que semejantes en algo a la realidad, tienden frecuentemente a retorcer y estirarla excesivamente.
Pero el culpable de ese mal cotidiano, no son quienes escriben tales historias o quienes las interpretan (no es del tío desorientado o de su esposa irreverente o el sobrino y la institutriz irrespetuosos, etc) o de quienes la negocian y la venden y las patrocinan, sino directamente de quienes las consumen, en su mayoría personas del genero femenino, con poca o nada de vida privada, o temas de conversación, quienes con un poco de respeto por si mismos y mismas, y hacia sus hijos, bien podrían cambiar de canal o apagar su tv.

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