He
manifestado previamente, que no soy de esas personas con tiempo en la
agenda para sentarme a disfrutar de algún programa de televisión,
pese a ello, en mi reporte incluyo mi interpretación de un fragmento
de una conocida telenovela, de la cual omitiré el nombre, aunque por
seguro se ha de interpretar su titulo.
La
historia en cuestión manifiesta explícitamente la falta de
argumento y creatividad del equipo de producción. La inconsistencia
de la historia en la que todo es obvio pero que innecesariamente se
alarga el cuento una treintena de episodios más.
Un par de
actores, de apariencia seleccionada en base al estereotipo moderno de
hombre y mujer ideal, colocados en una posición antagónica uno del
otro, alejados por previas decisiones correctas en momentos correctos, pero
mostradas mediante la iluminación, el argumento barato, la música y
un escenario poco probable, para invocar, con el poder de la
persuasión, y mediante la aprobación popular, el apoyo a una
relación que en situaciones regulares, bien se censuraría con todo
el peso del tradicionalismo y el conservadurismo.
Queda
manifiesta, la sed insaciable e irresponsable de generar contenidos
adictivos propios del consumismo, los cuales aluden a los lugares más
recónditos del Ello, y que diariamente gobernamos por razones obvias
y coherentes con la civilización y evolución verdadera.
Los
personajes de la trama, no son sino títeres de la tinta y el papel,
que no tienen personalidad propia sino impuesta, y por lo tanto sus
actos, algunos puede que semejantes en algo a la realidad, tienden
frecuentemente a retorcer y estirarla excesivamente.
Pero el
culpable de ese mal cotidiano, no son quienes escriben tales
historias o quienes las interpretan (no es del tío desorientado o de
su esposa irreverente o el sobrino y la institutriz irrespetuosos,
etc) o de quienes la negocian y la venden y las patrocinan, sino
directamente de quienes las consumen, en su mayoría personas del
genero femenino, con poca o nada de vida privada, o temas de
conversación, quienes con un poco de respeto por si mismos y mismas,
y hacia sus hijos, bien podrían cambiar de canal o apagar su tv.